Goliardos, giróvagos, sarabaítas, librepensadores.

Mi querido @Alorza me trae a la memoria estas palabras que tenía olvidadas…

Goliardos

El término goliardo se utilizó durante la Edad Media para referirse a cierto tipo de clérigos vagabundos (giróvagos y sarabaítas) y a los estudiantes pobres sopistas y pícaros que proliferaron en Europa con el auge de la vida urbana y el surgimiento de las universidades en el siglo XIII.1​ La mayor parte de ellos estudiaron en las universidades de EspañaFranciaAlemaniaItalia e Inglaterra. No obstante, la figura del goliardo puede rastrearse hasta épocas muy anteriores. Ya en el siglo IV, el concilio de Nicea condenaba a un cierto tipo de clérigos de vida licenciosa que podrían equipararse al goliardo (Vagans). En la Regla benedictina y en otros textos canónicos posteriores se vuelve a mencionar a la figura del clérigo vagabundo y ocioso.

Giróvagos

En el cristianismo antiguo, se llamaban giróvagos a ciertos monjes errantes y vagabundos, que viajaban sin un destino predeterminado alojándose en los monasterios que iban encontrando por el camino. Estos monjes no aceptaban ninguna de las reglas monásticas propias de los monjes cenobitas. El término proviene del latín gyrovăgus ( de gyrus, «giro», y vagus, «vagabundo»), que significaba «errante, vagabundo, que erra dando vueltas».1

En la Regla de San Benito se los describe de una forma más bien peyorativa: «La cuarta clase de monjes es la de los que se llaman giróvagos, porque se pasan la vida girando por diversos países, hospedándose tres o cuatro días en cada monasterio. Siempre están de viaje, nunca estables, sirven a su propia voluntad y a los placeres de la gula: en todo son peores que los sarabaítas. De su estilo de vida tan lamentable es mejor callar que hablar. Dejándolos, pues, de lado, nos dedicaremos, con la ayuda de Dios, a organizar la vida de los esforzados cenobitas».2

Sarabaítas

Se llamaron sarabaítas a ciertos monjes errantes y vagabundos que disgustados con la vida cenobítica no seguían ninguna regla y andaban de pueblo en pueblo viviendo a su discreción.

Este nombre viene del hebreo sarab que significa rebelarse. Casiano, en su conferencia 14 los llama Rennitæ, quia jugum regularis disciplinæ renuunt. No les hace más favor San Jerónimo, quien en su Epist. 18 ad Eustochium los llama remoboth, palabra egipcia casi equivalente a sarabaítas. San Benito en el cap. 1 de su Regla los llama giróvagos y los describe de forma poco ventajosa.

Los protestantes, enemigos declarados de la vida monástica, añadieron nuevos rasgos a esta descripción: dicen que los sarabaítas vivían de hacer milagros, de vender reliquias y de otras trampas de esta clase (Mosheim, Hist. eccles., siglo IV, parte 2, cap. 8, 15). Pero bastante malo había para decir sobre estos monjes relajados, sin tener que inventar contra ellos falsas acusaciones. San Jerónimo dice que vivían de su trabajo pero que vendían sus obras más caras que los otros, como si su oficio fuera más santo que su vida y que disputaban entre sí con bastante frecuencia, porque no querían estar sujetos a nadie: que ayunaban a porfía y tenían el silencio o el secreto por una victoria, etc.

Librepensadores

Un librepensador es una persona que sostiene que las posiciones referentes a la verdad deben formarse sobre la base de la lógica, la razón y el empirismo en lugar de la autoridad, la tradición, la revelación o algún dogma en particular. Cualquier juicio así constituido debe llamarse «librepensamiento»1​ y quienes lo formulan son «librepensadores»,2​ personas que constituyen sus opiniones y certezas sobre un análisis imparcial de hechos y son dueñas de sus propias decisiones, independientemente de la imposición dogmática de cualquier institución, religión, tradición, tendencia política o cualquier movimiento activista que busque imponer su punto de vista ideológico o cosmovisión filosófica.

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