Juicio a Willy Toledo: los bocazas también son hijos de Dios

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Juicio a Willy Toledo: los bocazas también son hijos de Dios

Antes de que acabara el asunto, apareció Pilar Gutiérrez, conocida por todos como señora franquista. Llegó solo para decirle al acusado: “Vete a Cuba”, un poco el ‘mainstream’ de los insultos

Foto: El actor Willy Toledo, en una foto de archivo. (EFE)
El actor Willy Toledo, en una foto de archivo. (EFE)

Willy Toledo no padece insuficiencia renal. Así que tras dos horas de juicio salió pitando en busca de un baño para vaciar su vejiga. Tampoco le quedan padrastros en los dedos y uno de sus pulgares podría acusarle de carnicería tras su paso por el Juzgado de lo Penal de la madrileña calle de Julián Camarillo. Un Madrid por el que no pasan los autobuses turísticos.

Volvió a insistir a cuantos quisieron escucharle en que lo de cagarse en Dios lo hacen la mayoría de los españoles. Él mismo, cada vez que se le cae un plato al suelo y se hace daño en el dedo gordo de un pie.

Fueron 120 minutos de juicio en los que el actor no paró de mirar y sonreír a su madre. Tampoco paró quieto, soltó alguna que otra risita nerviosa. Se cambió de postura decenas de veces, pidió no sentarse en el banquillo sino junto a su abogado. Un letrado, Endika Zulueta, que hizo las veces de padre al recordar que su defendido es buen chico y no ha querido hacer daño a nadie. Pero el cliente le ha salido soez y con ganas de constatar su ateísmo, y ya es mayorcito para hacerle cambiar de tono.

ROBERTO R. BALLESTEROS

Toledo llegó minutos antes con ganas de hablar, pero se le notaba nervioso. Flaco como un junco, inexistente trasero en unos vaqueros tres tallas más grandes, cazadora de cuero y botas de aspirante a ‘cowboy’. Saludó a los que querían acompañarle en un juicio que también fue sainete. El exeurodiputado de IU Willy Meyer, Diego Cañamero, el artista Abel Azcona. “Acabo de terminar una serie, esta tarde tengo los dos últimos planos. Y el martes me voy a México a hacer de Hernán Cortés”, contaba minutos antes de que salieran a pedirle el pasaporte.

Abel Azcona

@abelazcona

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En la sala de espera, mucho más tranquilas, aguardaban desde hacía rato dos señoras de unos 70 años. Mantenían un diálogo delicioso con Emilio Silva (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) y Javier Baeza, sacerdote de la parroquia de San Carlos Borromeo. Una de ellas, anarquista, había venido expresamente desde París. Nacida en Zarautz. La otra narraba que dos tíos suyos intentaron atentar contra Franco.

En la misma sala apareció Apolonia Castellanos, presidenta de la Asociación Española de Abogados Cristianos. Llevaba el móvil y un rosario engarzado entre los dedos. Pelo finísimo, tacón medio, falda por debajo de la rodilla. Al salir del juicio y pedirle a Toledo 22 meses de multa y 500 euros por los gastos de desplazamiento de ella y los suyos, aprovechó el espejo del ascensor para pintarse los labios.

A la jefa de prensa de la Asociación Española de Abogados Cristianos la llamaron en varias ocasiones cagándose en Dios y en la Virgen

Los periodistas, los amigos y los enemigos de Toledo aguardábamos pacientes para ver el juicio. Pero alguien decidió que la sala grande se reservaba para otro proceso, así que apenas entraron dos o tres colegas. Quiso el bendito corporativismo que Jaime Rull, de La Sexta, entrara en la sala con dos cometidos: hacer su trabajo y contarnos por WhatsApp al resto lo que pasaba ahí dentro. Le debemos varios pinchos de tortilla.

Y eso que fuera la cosa estaba animada. A la jefa de prensa de la Asociación Española de Abogados Cristianos (tampoco pudo entrar en la sala) la llamaron en varias ocasiones durante la espera cagándose en Dios y en la Virgen. “Tengo el teléfono de la centralita desviado y pasan estas cosas. Pero vamos, que si la gente se desahoga, por mí bien”, decía resignada.

A su lado, César Strawberry, que estuvo un buen rato sin parar de mirar su móvil. Me quedé hipnotizada mirando sus cuatro enormes anillos plateados repartidos entre los dedos corazón y anular y su camiseta de Poltergeist. Me pregunto si se tiñe la barba por inmersión dado el virtuosismo del acabado, pero se marchó antes de que pudiera preguntárselo.

BEATRIZ PARERA

Minutos antes de que acabara el asunto y Toledo saliera escopetado para ir al baño, apareció Pilar Gutiérrez, conocida por todos como señora franquista. Llegó solo y exclusivamente para decirle al acusado: “Vete a Cuba”, que es un poco el ‘mainstream’ de los insultos. Francamente, y nunca mejor dicho, una esperaba algo más elaborado.

Uno criticando al Gobierno por engordar el Código Penal, la otra diciendo que esto es una causa “para defender el respeto de los creyentes”

Al otro lado de la sala, una treintañera se jactaba de cagarse en Dios con su acompañante. “¿No es mucho más ‘heavy’ que salga un señor cada día y diga que algo es el cuerpo y la sangre de Cristo?”. A uno de los vigilantes de seguridad, amable pero deseoso de que acabara semejante película, le sonó el móvil y pudimos escuchar a Mónica Naranjo en pleno ‘Tempations’, la sintonía de ‘La isla de las tentaciones’.

Y tras la evacuación, más declaraciones. Cada uno sigue enrocado en lo suyo. Toledo diciendo que volverá a hacerlo siempre que se le apetezca. Apolonia (qué delicia de nombre, por cierto) Castellanos también enrocada en lo suyo. El uno aprovechando para criticar al Gobierno por engordar el Código Penal, porque está a favor de que se diga “viva Franco, se niegue el Holocausto, se diga que soy un rojo de mierda (porque lo soy) o que los negros son monos”. La otra diciendo que esto es una causa “para defender el respeto de los creyentes, que no puede ser atacado y vejado a voluntad”. “No era necesario realizar este tipo de vejaciones”, aclaró Castellanos. Me pregunto si también era necesario seguir adelante con este juicio.

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